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Por qué el dolor persiste después de que la lesión ha sanado

Raquel Mejía7 min de lecturaEducación clínica

Este artículo fue revisado y actualizado el .

El dolor que persiste más allá del tiempo de recuperación esperado es real. No significa automáticamente que el tejido siga sufriendo daño, pero un dolor persistente o cambiante sí merece una valoración adecuada. En el dolor crónico pueden combinarse mecanismos de los tejidos, los nervios y el sistema nervioso.

Qué es realmente el dolor crónico

El dolor de corta duración suele advertir sobre una lesión o enfermedad. Con el dolor crónico, el sistema nervioso puede volverse más protector y sensible de lo necesario.

Piense en una alarma de humo demasiado sensible. Un movimiento cotidiano puede activarla y una señal levemente dolorosa puede sentirse mucho más intensa. Los especialistas llaman a esto sensibilización central (central sensitization). Puede contribuir a algunos tipos de dolor crónico, pero no explica el dolor de todas las personas ni es un diagnóstico por sí sola.

Comparación lado a lado: en el dolor agudo la alarma suena ante una amenaza real; en el dolor crónico la alarma está demasiado sensible y suena fuerte ante el movimiento cotidiano

Este dolor no es imaginario. Los estudios de neuroimagen encuentran diferencias promedio entre grupos con y sin dolor crónico, aunque una imagen no puede mostrar cuánto dolor siente una persona. En un estudio publicado en 2009 en The Journal of Neuroscience participaron 32 personas con artrosis dolorosa de cadera; 10 se sometieron de nuevo a estudios de neuroimagen después de un reemplazo de cadera exitoso. Algunas diferencias en la materia gris se revirtieron parcialmente cuando el dolor desapareció. Esto sugiere que ciertos cambios cerebrales relacionados con el dolor pueden modificarse; no demuestra que todos se “normalicen” por completo.

Cómo afecta su vida diaria

El dolor crónico puede agotar su energía, interrumpir el sueño, dificultar la concentración y hacer que actividades importantes para usted parezcan amenazantes. Evitar una actividad dolorosa es comprensible. Sin embargo, con el tiempo, moverse menos puede disminuir la fuerza y la confianza, mientras que el miedo al movimiento puede aumentar la discapacidad. Un regreso gradual e individualizado a la actividad puede ayudar a interrumpir ese ciclo.

Los veteranos tienen una mayor carga de dolor que quienes no son veteranos. En la Encuesta Nacional de Entrevistas de Salud de 2019 de los CDC, el 31,5 % de los veteranos reportó dolor crónico, frente al 20,1 % de quienes no eran veteranos. La diferencia fue mayor entre los adultos de 20 a 34 años: 27,1 % frente a 9,4 %.

El dolor y el trastorno de estrés postraumático (TEPT) también coinciden con frecuencia. Un estudio de 2024 en Military Medicine analizó a 5.846.453 personas que recibieron atención del VA (Departamento de Asuntos de Veteranos de EE. UU.) en 2023. Entre quienes cumplían los criterios del estudio para TEPT, el 53,2 % también cumplía sus criterios para dolor crónico. Estas cifras describen a personas atendidas por el VA, no a todos los veteranos de Estados Unidos. Cuando el dolor y el TEPT ocurren juntos, ambos deben considerarse en el plan de atención.

Qué hace la fisioterapia

La fisioterapia es una opción sin medicamentos dentro de un plan más amplio para el dolor crónico. La guía de los CDC de 2022 sobre opioides indica que, para el dolor subagudo y crónico, se prefieren las terapias sin opioides. Incluye el ejercicio terapéutico para varias afecciones y señala que la fisioterapia puede ayudar a algunos pacientes. La guía de VA/DoD de 2022 recomienda no iniciar opioides para el dolor crónico no oncológico y remite a las guías específicas para cada afección para elegir tratamientos sin opioides.

El ensayo SPACE, publicado en JAMA en 2018, siguió durante 12 meses a 240 pacientes del VA con dolor crónico de espalda o dolor por artrosis de cadera o rodilla. Los medicamentos opioides no fueron mejores que los no opioides para mejorar la función relacionada con el dolor. El grupo sin opioides tuvo una intensidad de dolor levemente menor y menos síntomas relacionados con los medicamentos. El estudio comparó estrategias farmacológicas; no comparó la fisioterapia con los opioides y tampoco indica que una persona que ya toma opioides deba suspenderlos de golpe.

La fisioterapia basada en evidencia puede incluir:

  • Educación sobre el dolor junto con tratamiento activo. Una revisión de 2024 de 17 ensayos sobre dolor lumbar crónico encontró mejoras a corto plazo al agregar educación en neurociencia del dolor al ejercicio o a la fisioterapia. Aún no están claros los efectos a largo plazo ni el mejor formato.
  • Movimiento gradual y ejercicio. El ejercicio puede mejorar la función y disminuir el dolor, pero la respuesta varía. El nivel inicial debe ser tolerable y aumentar poco a poco.
  • Exposición gradual. Si el miedo a un movimiento específico limita sus actividades, la práctica planificada le ofrece una forma estructurada de abordarlo sin pedirle que ignore señales de alarma.
  • Terapia manual. A veces se usa como complemento del tratamiento activo. Sus efectos no demuestran que una articulación estuviera “fuera de lugar” y no debe presentarse como una cura aislada.

Qué puede esperar

No hay un plazo de recuperación confiable para todas las personas. Al comienzo, las metas pueden ser dormir mejor, recuperar la confianza para moverse o retomar más actividades importantes para usted, incluso antes de que cambie la intensidad del dolor. Puede haber exacerbaciones y no siempre significan un daño nuevo, pero los síntomas nuevos o claramente diferentes requieren otra valoración.

El progreso depende de la causa y la duración del dolor, de otras afecciones, como el TEPT o la lesión cerebral traumática (TBI, por sus siglas en inglés), del sueño, de su estado general de salud y de qué tan bien se adapte el plan a sus necesidades. Es posible mejorar, pero ningún tratamiento puede prometer la desaparición completa del dolor.

Cuándo buscar ayuda

Busque atención de emergencia de inmediato si presenta una nueva incapacidad para orinar, pérdida reciente del control de la vejiga o los intestinos, entumecimiento en la zona de la ingle o los glúteos, o debilidad intensa o que empeora rápidamente en las piernas. La guía de VA/DoD para dolor lumbar considera estos síntomas señales de una posible compresión grave de los nervios.

También necesita una valoración médica pronta si el dolor aparece con fiebre o escalofríos, pérdida de peso sin explicación, antecedentes de cáncer, una infección grave o cirugía reciente, un traumatismo importante o un cambio súbito y marcado frente a su patrón habitual. Estas señales no confirman una causa peligrosa, pero no deben atribuirse únicamente a una exacerbación habitual.

Fuentes